domingo, 1 de septiembre de 2013

Abro comillas. TE AMO. Cierro comillas




El teléfono de la cabina sonó. Laura descolgó. 

             - Hola.
     - Hola –respondió Miguel desde el otro lado del auricular-. He pensado que podríamos quedar.
       - Por supuesto. Lo estoy deseando –le respondió Laura.

Se habían visto solo una vez, por foto y ambos se habían quedado prendados. Ella tenía 20 años y el 18. Habían hablado dos veces desde la misma cabina y a la misma hora, las cinco de la tarde. Ese día era la tercera vez que hablaban, porque así lo habían decidido y por eso, Laura había estado impaciente, esperando en la cabina, desde hacía más de media hora. Habían quedado a las cinco en la cafetería Norte, en pleno centro de la ciudad. Sabían que se reconocerían rápidamente.

Miguel entró a la hora pactada y Laura ya estaba sentada. El llevaba una rosa de la mano. Se sentó en frente de Laura y la entregó la rosa. Laura se emociono porque las rosas eran sus flores preferidas. Siempre había deseado que alguien la regalara una rosa, y en ese momento su sueño se había cumplido. Levantó la cabeza y las lagrimas caminaban hacía sus mejillas. Miguel se levantó, se acercó a Laura, sacó su pañuelo del bolsillo como todo buen caballero, y limpio las lagrimas de Laura. La sonrió y Laura sonrió a Miguel.
     
     - ¿Por qué lloras? –preguntó el. 
     - Nadie me había regalado nunca una rosa tan bonita –respondió Laura. 
     - Ninguna rosa puede compararse con tu belleza –contestó Miguel.

Laura esbozó otra sonrisa, y acercó sus labios a los de Miguel. Era su primer beso de enamorados y con eso expresaban que se querían. 

    - Cada año que estemos juntos, un día como hoy, el ramo de rosas que hoy ha comenzado será más grande y con ello te daré a entender que ninguna rosa puede compararse con tu belleza –dijo Miguel, mientras cogía suavemente la mano de Laura, y esta empezaba a llorar de nuevo. 
     -Te amo –dijo Laura mientras sus lágrimas surcaban sus ojos, y Miguel sintió un resplandor de alegría en su corazón. 
     - Yo a ti también –respondió Miguel.

Tomaron el refresco que habían pedido, y salieron de la cafetería Norte, para dar un paseo por la ciudad y contemplar el atardecer.

El sol se despertó, y Miguel se levantó, contempló a Laura y la vio igual de hermosa que el día que se conocieron en la cafetería. Su rostro estaba precioso a los ojos de Miguel y con una enorme sonrisa. Se levantó un segundo, fue a la cocina, volvió, dio un beso a Laura en la cara, se recostó a su lado, sonrió  y volvió a cerrar los ojos.

No volvieron a despertase. En la mesilla de Laura se encontraba un enorme jarrón con setenta rosas, que había permanecido la noche anterior escondido en un armario de la cocina y perfectamente preparado por Miguel. En el centro una nota en la que había escrito una frase que se habían repetido todos los días, desde aquella maravillosa tarde que se dieron su primer beso: “TE AMO”.

2 comentarios:

  1. ¡Qué bonito...! Gran historia de amor... =)
    Qué grande sería vivir algo así, ¿verdad?

    ¡Una luz para tus sombras!
    Shathu

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    1. Seguro que tu vivirás algo así, porque todo el mundo nos mereceríamos tener una historia de amor como esta.

      ¡Que tu mundo, tu corazón y tu vida, sonría siempre!

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