Amanecía en Madrid. Era jueves. Dani se despertó e hizo el amago de levantarse, pero sus piernas llevaban días sin responder. Ni los médicos entendían porque su organismo había degenerado tan pronto, y porque el tratamiento no había dado los resultados deseados. No importaba en la mente de Dani, porque ese día se despertó feliz. Era un día especial, muy especial. El tren de Tosky, desde Valladolid, ya debía de haber salido, y Dani tenía el tiempo justo para intentar vestirse como pudiera, sentarse en su silla de ruedas, e intentar llegar a la estación de Chamartín antes de que el tren llegara. Era una tarea difícil, pero no imposible. En esos días, Dani se había acostumbrado a moverse por Madrid en silla de ruedas, y tampoco era tan complicado como creyó. Cuando se cansaba, siempre había algún alma caritativa que empujaba su silla, apiadándose de él.
Llegó a Chamartin, pero no cumplió su objetivo, y el tren de Tosky hacia ya rato que había llegado a la estación. Tosky estaba sentado esperando, y cuando vio a Dani, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, y corrió hacía él, tan deprisa que toda la gente se quedo contemplando la escena. El beso llegó, un largo beso en los labios, que ni les preocupó lo más mínimo, lo que la gente pensara, al ver besarse tan apasionadamente a dos chicos del mismo sexo. Dani miró a Tosky, porque no quería olvidarse de su rostro, un rostro feliz, un rostro que le gustaba, un rostro que estaba dentro de su corazón, como el amor que Tosky sentía por Dani y Dani por Tosky.
Salieron de la estación y cogieron un taxi habilitado para minusvalidos. Dani quería ver por última vez el Museo del Prado, y Tosky, nunca lo había visto, pero estaba deseando compartir la experiencia con su amado. Vieron el Museo, y Tosky nunca olvidaría la cara de felicidad de Dani ante los imponentes cuadros, como si nunca los hubiera visto. Comieron. Pasearon por Madrid, por sus bonitos rincones, y se hicieron un montón de fotos para inmortalizar ese momento. El día fue, en si, perfecto, a pesar de que Dani no sintiera sus piernas y su cabeza llevara todo el día martilleando, como si miles de agujas le taladraran la corteza cerebral. Pero no quería preocupar a Tosky, y disfrutó. Fueron felices.
La noche llegó, y ambos volvieron a casa, una casa en la que estaban de prestado, pero bueno, a la familia de Dani no le importaba verle feliz, después de todas las decepciones que se había llevado en los últimos días. Fue una noche memorable. Hicieron el amor. Se unieron como hacia meses que no había ocurrido, y Dani agradeció a Tosky, que le hubiera regalado esa noche de amor, una noche suave y muy dulce, y le pidió perdón porque su mente, muy posiblemente olvidara ese día, esa noche, ese rostro, ese corazón que lo era todo para él. Ambos lloraron en el silencio de la noche, mientras escogían una foto especial, que formara parte de la pantalla de sus terminales móviles. Todas las fotos de ese día eran especiales, todas... pero había una que lo era más que ninguna, una foto de ambos en el Palacio de Oriente, donde ambos habían estado escuchando a un violinista junto a la catedral, el cual los había inmortalizado con el móvil de Dani, en uno de sus breves descansos. Dani dejo el móvil en la mesilla, y al lado un papel que había escrito unos minutos antes, sin que Tosky se diera cuenta. Durmieron abrazados.
Fueron sus últimas horas juntos. Cuando Tosky se despertó a las ocho de la mañana, el cerebro de Dani llevaba ya unas horas sin vida, pero en su cara se reflejaba una sonrisa. En la mesilla, el móvil aparecía encendido con la imagen de los dos tomada el día anterior, y al lado un papel que cogió y desdobló: "nuestro amor perdurará siempre, esté donde esté. Gracias por enseñarme a amar, por hacerme feliz y por darme el mejor día de mi vida. Ojalá todos los días que me quedan a tu lado, sean así. Te Quiero. DANI". Lloró, lloró como nunca había llorado. Giró la cabeza y miró el cuerpo inerte de Dani, su rostro, su sonrisa, sus labios. Se acercó y le besó. Se tumbó a su lado, lo abrazó y se quedó dormido.
P.D.- Dedicado a mi novio. Ojalá nuestra despedida, cuando llegue el momento, sea tan hermosa como la que he expresado en estas lineas. Love you forever, Tosky.
"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

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