miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sueños olvidados: no, Gracias.

Marcia se levantó como siempre a la misma hora. Eran las siete de la mañana. Había dormido mal, como las últimas noches. Las pesadillas no la dejaban dormir. Su cabeza daba vueltas sin parar, y nada de lo que veía en esas pesadillas, tenía sentido. ¿O sí?.

Sigilosamente, para no despertar a Mikel, que dormía a su lado, se dirigió hacia el baño. Se miró en el espejo, y contempló su rostro, un rostro triste, ajado, con unas ojeras que recorrían sus ojos, como si realmente hubiera llevado más de cuarenta noches sin dormir. Se preguntó ¿por qué?,  ¿por qué tenía que haber ocurrido?, ¿por qué no era capaz de contarle a Mikel lo que había pasado?, ¿por qué tenía tanto miedo?, ¿por qué…. un sinfín de cosas?.

Se sentó en la mesa de la cocina a tomar su café, y su mente empezó a recordar sus pesadillas, esas que la estaban atenazando desde hacía ya diez días y que no la dejaban dormir. En el silencio de su cama, lloraba, e intentaba que Mikel no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Todo vino a su mente de repente, el callejón, el día, el rostro de quien la forzó, la navaja en su cuello, el pánico… todo. La taza tembló en sus manos, y el café empezó a caer, salpicando la mesa y sus brazos. Marcia empezó a llorar. No quería recordar ese momento, le daba miedo, demasiado miedo, sobre todo porque Mikel no sabía nada, porque ni siquiera ella había denunciado la violación, y porque ese malnacido seguía en la calle. No quería recordar nada de esa noche, pero sus pesadillas no la dejaban olvidarlo fácilmente.  Se había olvidado de sus sueños, de la vida feliz que había planeado con Mikel, de sus ilusiones, y no era justo, no lo era. No era justo que Mikel no pudiera tocarla, y que ella ni se dejara acariciar por la persona que la había demostrado el mayor amor del mundo. No era justo que todos los sueños que había construido  con él, se quedaran olvidados en un libro con las páginas en blanco. Nada era justo. Nada, y mucho menos lo que la había pasado. Tenía que poner fin a ese momento, a esas pesadillas, tenía que buscar una solución o su vida y sus ilusiones quedarían rotas para siempre. Quería soñar de nuevo, quería que sus sueños no quedaran en el vacío.

Tomó la decisión. Despertó a Mikel y le contó lo que durante diez días había estado ocultándole. Mikel no dijo nada, solo la abrazó, la besó en los labios y dejó que sus lágrimas surcaran por sus mejillas. En sus ojos, Marcia pudo leer el sufrimiento de Mikel por no haber podido ayudarla, el sufrimiento del amor ante tal injusticia, la pena del que intuye lo que su amada había estado sufriendo y todo lo que tuvo que soportar.


Esa tarde, sobre las cinco, detuvieron al violador. No había sido la única. Marcia y Mikel se enteraron cuando fueron a poner la denuncia.  Otras diez mujeres habían sufrido lo mismo. Marcia escucho las noticias de por la noche, y ante sus ojos, en la pantalla, apareció la persona que la había estado atormentando en forma de pesadilla, durante las últimas diez noches. Sonrió, y se acurrucó junto a Mikel. Esa noche hicieron el amor y Marcia pudo dormir bien, Antes de todo eso, Marcia había cogido su diario, su libro personal, aquel en el cual escribía todos los sueños que quería cumplir, y que durante unos días había estado escondido, olvidado, y en la primera página que encontró en blanco, simplemente escribió: “Sueños olvidados: no, Gracias”.








"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

No hay comentarios:

Publicar un comentario