lunes, 2 de septiembre de 2013

El ultimo aviso

Todo estaba en silencio.

De repente un gran estruendo sesgó el cielo, como si se hubiera partido en dos. Adam Smith se despertó de repente y su mujer Susan también. La ventana de la habitación se abrió del golpe y los cristales estallaron en mil pedazos, inundando toda la habitación. La lluvia torrencial entro en la estancia, inundando en pocos segundos todo el suelo.

Susan corrió a la habitación de al lado, donde dormían sus hijos. Megan se había despertado y el pequeño Thomas no hacía mas que llorar, acurrucado en su camita. Su ventana también había estallado en pedazos y ambos estaban completamente empapados. ¿Que estaba pasando?, se preguntaba Susan. Nunca había ocurrido nada parecido en Cityville. Era todo muy extraño.

Adam entró en la habitación de los niños, cogió a Susan de la mano y a Thomas en brazos y salio precipitadamente de la habitación sin pensar en Megan, quien, por suerte se había aferrado fuertemente a la mano de su madre. 

Bajaron las escaleras, hacía el inmenso salón de la casa. Las ventanas del salón aún no habían estallado, y la incesante lluvia golpeaba los cristales con gran brutalidad, como si no hubiera llovido en años. Desde la ventana podían divisarse las luces de las casas de Cityville, y también unas luces que nunca habían estado allí. Susan agudizó la vista y pudo ver que era fuego, grandes columnas de fuego que surcaban toda la ciudad en la noche lluviosa. Algo raro, porque el agua y el fuego nunca habían sido amigos, y parece que en ese momento se habían aliado en una noche infernal.

De repente, otro estruendo que dejo congelada la mirada de Susan, cuando las casas fueron desapareciendo, una a una, engullidas por el suelo, un suelo que por lo que parecía estaba dándose un gran banquete y que se había sumado al terror de la noche. Todas las casas de Cityville desaparecieron, todas menos la casa de los Smith. Susan miraba aún aterrorizada por la ventana, por donde, si hace un rato se veía vida, ahora no se veía absolutamente nada. Se abrazo a Adam, y a sus dos hijos y empezó a rezar, dando gracias, a la vez que su cabeza se preguntaba incesantemente, ¿que había ocurrido?, ¿era un aviso?... De pronto, el suelo del enorme salón se abrió, y segundos después la casa de los Smith había desaparecido, engullida por el suelo, que aún se había quedado hambriento.

Los avisos habían sido infinitos, y había llegado, al fin, el temido ultimo aviso. 
EL APOCALIPSIS HABÍA COMENZADO

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