Enciendo el móvil y veo tus mensajes. Han pasado casi tres años. Me pregunto ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... ¿Por qué hoy?, ¿Acaso es que te has acordado que un día como hoy, hace ya 13 años, te entregué mi corazón?, ¿Acaso es que has recordado lo feliz que fuiste conmigo, porque yo si sabía el significado de la palabra AMOR?, ¿Acaso…..?... Son tantas cosas las que podría pensar, y no quiero.
No, no quiero, porque simplemente donde yo di AMOR, solo encontré dolor, donde yo di ilusiones, alegrías, pasión, solo encontré miedo. Sí, miedo. ¿O es que no recuerdas?. Mi corazón sí, mi cuerpo sí, mi alma sí. Todo mi ser recuerda lo que pasó. Mi corazón recuerda el día que cogí el teléfono que tú habías dejado en casa. Sí, ese día, que encima era nuestro decimo aniversario. Ese día en que el corazón se partió, cuando la voz de otro hombre sonaba al otro lado del teléfono y decía: “Cariño, ¿cuando vienes a casa?. Recuerda que mañana cumplimos cinco años juntos”. Yo aún no había articulado palabra, pero sabía que mis temores cada vez que salías eran ciertos, sabía que había alguien más, pero mi corazón ciego no quería verlo. No se puede amar a dos personas a la vez. No es ético tener dos relaciones paralelas, y tú lo hiciste. Ese día llegaste, y las maletas estaban en la puerta. Cuando la cerré para siempre, lloré, lloré amargamente y mucha gente sabe lo que paso luego, cuando intente irme a la oscuridad. Casi lo consigo, pero fueron cuatro días en coma y desperté.
Mi cuerpo también recuerda esos diez años, aunque solo disfrutó de tu AMOR los tres primeros. Luego llegaron las palizas, las amenazas, los golpes, los moratones, los empujones por las escaleras y las violaciones sin sentido. Llego el miedo. Mi cuerpo, mi espalda, mi sexo…. todo mi ser, aún lo recuerda, pero ya no lo teme. He recuperado la libertad, y a decir verdad, la recuperé el día que cerré la puerta, aunque en ese momento no me diera ni cuenta. Hoy puedo lucir mi espalda, mis piernas, mi cuerpo sin miedo a que me pregunten, sin miedo a tener que mentir… Hoy puedo tener relaciones sin miedo a sufrir vejaciones, sin miedo a sufrir forzamiento, sin miedo a dar, a entregarme, sin miedo al dolor que suponían tus violaciones.
Mi alma ha recuperado su ser, se ha dado cuenta que aún queda gente maravillosa en el mundo, se ha despertado de nuevo del letargo en el que me tuviste sumido. Y hoy, ¿has decidido que vuelvan los fantasmas de ese pasado?, ¿has decidido que el miedo vuelva a apoderarse de todo mi ser?... No vas a conseguirlo, y voy a serte sincero, porque se, que leerás estas palabras: no tienes permiso en mi mundo ni en mi vida. No existes para mí. No eres nada. No voy a ser hipócrita y decir que no ha pasado nada. No voy a ser hipócrita y contestarte con un mensaje de cariño y deseándote suerte en tu vida. No, porque no lo deseo. No, porque no quiero que seas feliz. No, porque no te mereces que alguien te quiera y que tu vida sea dichosa. No, porque no existes. Ahora se, que fuiste un mal sueño del que desperté hace casi tres años, un día que siempre quedará en mi corazón, en mi alma, en mi ser, y no precisamente porque fuera nuestro decimo aniversario, sino porque aquel día, aunque no lo supiera, recupere la vida, recupere la libertad, y con ella los sueños y las ilusiones que nunca debieron desaparecer.
P.D.- Dedicado a Roberto, y a todos aquellos, que como él, deberían sentir vergüenza de no sentir, de ser, simplemente, fachada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario