miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sueños olvidados: no, Gracias.

Marcia se levantó como siempre a la misma hora. Eran las siete de la mañana. Había dormido mal, como las últimas noches. Las pesadillas no la dejaban dormir. Su cabeza daba vueltas sin parar, y nada de lo que veía en esas pesadillas, tenía sentido. ¿O sí?.

Sigilosamente, para no despertar a Mikel, que dormía a su lado, se dirigió hacia el baño. Se miró en el espejo, y contempló su rostro, un rostro triste, ajado, con unas ojeras que recorrían sus ojos, como si realmente hubiera llevado más de cuarenta noches sin dormir. Se preguntó ¿por qué?,  ¿por qué tenía que haber ocurrido?, ¿por qué no era capaz de contarle a Mikel lo que había pasado?, ¿por qué tenía tanto miedo?, ¿por qué…. un sinfín de cosas?.

Se sentó en la mesa de la cocina a tomar su café, y su mente empezó a recordar sus pesadillas, esas que la estaban atenazando desde hacía ya diez días y que no la dejaban dormir. En el silencio de su cama, lloraba, e intentaba que Mikel no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Todo vino a su mente de repente, el callejón, el día, el rostro de quien la forzó, la navaja en su cuello, el pánico… todo. La taza tembló en sus manos, y el café empezó a caer, salpicando la mesa y sus brazos. Marcia empezó a llorar. No quería recordar ese momento, le daba miedo, demasiado miedo, sobre todo porque Mikel no sabía nada, porque ni siquiera ella había denunciado la violación, y porque ese malnacido seguía en la calle. No quería recordar nada de esa noche, pero sus pesadillas no la dejaban olvidarlo fácilmente.  Se había olvidado de sus sueños, de la vida feliz que había planeado con Mikel, de sus ilusiones, y no era justo, no lo era. No era justo que Mikel no pudiera tocarla, y que ella ni se dejara acariciar por la persona que la había demostrado el mayor amor del mundo. No era justo que todos los sueños que había construido  con él, se quedaran olvidados en un libro con las páginas en blanco. Nada era justo. Nada, y mucho menos lo que la había pasado. Tenía que poner fin a ese momento, a esas pesadillas, tenía que buscar una solución o su vida y sus ilusiones quedarían rotas para siempre. Quería soñar de nuevo, quería que sus sueños no quedaran en el vacío.

Tomó la decisión. Despertó a Mikel y le contó lo que durante diez días había estado ocultándole. Mikel no dijo nada, solo la abrazó, la besó en los labios y dejó que sus lágrimas surcaran por sus mejillas. En sus ojos, Marcia pudo leer el sufrimiento de Mikel por no haber podido ayudarla, el sufrimiento del amor ante tal injusticia, la pena del que intuye lo que su amada había estado sufriendo y todo lo que tuvo que soportar.


Esa tarde, sobre las cinco, detuvieron al violador. No había sido la única. Marcia y Mikel se enteraron cuando fueron a poner la denuncia.  Otras diez mujeres habían sufrido lo mismo. Marcia escucho las noticias de por la noche, y ante sus ojos, en la pantalla, apareció la persona que la había estado atormentando en forma de pesadilla, durante las últimas diez noches. Sonrió, y se acurrucó junto a Mikel. Esa noche hicieron el amor y Marcia pudo dormir bien, Antes de todo eso, Marcia había cogido su diario, su libro personal, aquel en el cual escribía todos los sueños que quería cumplir, y que durante unos días había estado escondido, olvidado, y en la primera página que encontró en blanco, simplemente escribió: “Sueños olvidados: no, Gracias”.








"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

martes, 17 de septiembre de 2013

Última sinfonía de amor

Amanecía en Madrid. Era jueves. Dani se despertó e hizo el amago de levantarse, pero sus piernas llevaban días sin responder. Ni los médicos entendían porque su organismo había degenerado tan pronto, y porque el tratamiento no había dado los resultados deseados. No importaba en la mente de Dani, porque ese día se despertó feliz. Era un día especial, muy especial. El tren de Tosky, desde Valladolid, ya debía de haber salido, y Dani tenía el tiempo justo para intentar vestirse como pudiera, sentarse en su silla de ruedas, e intentar llegar a la estación de Chamartín antes de que el tren llegara. Era una tarea difícil, pero no imposible. En esos días, Dani se había acostumbrado a moverse por Madrid en silla de ruedas, y tampoco era tan complicado como creyó. Cuando se cansaba, siempre había algún alma caritativa que empujaba su silla, apiadándose de él.

Llegó a Chamartin, pero no cumplió su objetivo, y el tren de Tosky hacia ya rato que había llegado a la estación. Tosky estaba sentado esperando, y cuando vio a Dani, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, y corrió hacía él, tan deprisa que toda la gente se quedo contemplando la escena. El beso llegó, un largo beso en los labios, que ni les preocupó lo más mínimo, lo que la gente pensara, al ver besarse tan apasionadamente a dos chicos del mismo sexo. Dani miró a Tosky, porque no quería olvidarse de su rostro, un rostro feliz, un rostro que le gustaba, un rostro que estaba dentro de su corazón, como el amor que Tosky sentía por Dani y Dani por Tosky.

Salieron de la estación y cogieron un taxi habilitado para minusvalidos. Dani quería ver por última vez el Museo del Prado, y Tosky, nunca lo había visto, pero estaba deseando compartir la experiencia con su amado. Vieron el Museo, y Tosky nunca olvidaría la cara de felicidad de Dani ante los imponentes cuadros, como si nunca los hubiera visto. Comieron. Pasearon por Madrid, por sus bonitos rincones, y se hicieron un montón de fotos para inmortalizar ese momento. El día fue, en si, perfecto, a pesar de que Dani no sintiera sus piernas y su cabeza llevara todo el día martilleando, como si miles de agujas le taladraran la corteza cerebral. Pero no quería preocupar a Tosky, y disfrutó. Fueron felices.

La noche llegó, y ambos volvieron a casa, una casa en la que estaban de prestado, pero bueno, a la familia de Dani no le importaba verle feliz, después de todas las decepciones que se había llevado en los últimos días. Fue una noche memorable. Hicieron el amor. Se unieron como hacia meses que no había ocurrido, y Dani agradeció a Tosky, que le hubiera regalado esa noche de amor, una noche suave y muy dulce, y le pidió perdón porque su mente, muy posiblemente olvidara ese día, esa noche, ese rostro, ese corazón que lo era todo para él. Ambos lloraron en el silencio de la noche, mientras escogían una foto especial, que formara parte de la pantalla de sus terminales móviles. Todas las fotos de ese día eran especiales, todas... pero había una que lo era más que ninguna, una foto de ambos en el Palacio de Oriente, donde ambos habían estado escuchando a un violinista junto a la catedral, el cual los había inmortalizado con el móvil de Dani, en uno de sus breves descansos. Dani dejo el móvil en la mesilla, y al lado un papel que había escrito unos minutos antes, sin que Tosky se diera cuenta. Durmieron abrazados.

Fueron sus últimas horas juntos. Cuando Tosky se despertó a las ocho de la mañana, el cerebro de Dani llevaba ya unas horas sin vida, pero en su cara se reflejaba una sonrisa. En la mesilla, el móvil aparecía encendido con la imagen de los dos tomada el día anterior, y al lado un papel que cogió y desdobló: "nuestro amor perdurará siempre, esté donde esté. Gracias por enseñarme a amar, por hacerme feliz y por darme el mejor día de mi vida. Ojalá todos los días que me quedan a tu lado, sean así. Te Quiero. DANI". Lloró, lloró como nunca había llorado. Giró la cabeza y miró el cuerpo inerte de Dani, su rostro, su sonrisa, sus labios. Se acercó y le besó. Se tumbó a su lado, lo abrazó y se quedó dormido.

P.D.- Dedicado a mi novio. Ojalá nuestra despedida, cuando llegue el momento, sea tan hermosa como la que he expresado en estas lineas. Love you forever, Tosky.








"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

domingo, 15 de septiembre de 2013

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Perdón si no tengo tiempo de meter algún relato mas, pero estoy en mi proceso de tratamiento cerebral, y a fecha de hoy, 11/09/13, acabo de terminar mi segundo libro: "Sueños Rotos", y aún me queda pendiente el tercero, pero iré escribiendo por aquí cuando pueda, y cuando tenga más datos de publicación y portadas posibles, ya las pondré,

Gracias. Xaoppp

lunes, 2 de septiembre de 2013

In memoriam

Pedro llegó a "Sal-Luz" y llamó al timbre de la puerta. Eran las doce de la mañana. Su hija y su nieto estaban trabajando, y como era costumbre, fue Pablo el que salió de la consulta a abrir la puerta. Entró en el Centro despacito, apretando fuertemente su bastón contra el suelo y dando un paso lento, luego otro, y otro, hasta que llego a la primera silla que encontró. Se sentó y sonrió a su nieto, mientras este limpiaba sus manos con una toalla.

Era como un reloj que cuco que cantaba sin cesar cada hora, porque todos los días acudía a la misma hora a visitar a su nieto y a su hija. Le daba la vida, y ellos siempre agradecían la visita, y le obsequiaban con un  bombón de la bandeja, que cogía con ilusión porque era muy goloso. Ninguno pensaba que esa escena podía acabarse de repente, que ese reloj de cuco estaba dando sus últimos cantos, como si su pila estuviera agotándose.

Esa tarde, Pedro se puso malo. Sus ojos empezaban a ver visiones, y moscas por doquier, que inundaban la habitación. Todos estaban allí. Pablo acariciaba su mano, mientras Marta, su hija, consolaba a su madre. La decisión fue unánime, porque no podían estar las veinticuatro horas pendientes de él. Era imposible. Una decisión muy difícil para una familia que nunca se había visto forzada a ello, que siempre había estado muy unida. Hoy lo recuerdan con lágrimas en los ojos, y han decidido que nunca volverá a pasar, que nadie merece acabar en una residencia como si fuera un mueble roto, usado, que ya no sirve para nada.

Sí. Pedro acabó sus últimos días viviendo con extraños, con gente que no conocía de nada, y que, aunque recibiera durante horas la visita de sus seres queridos, los que le habían dado tantas y tantas alegrías, cuando llegaba la noche, se sentía solo, y lloraba sus últimas lágrimas en lo mas oscuro de una habitación que no era la suya.

Veinte días después, su corazón se paró, con noventa y un años, ahogándose entre la agonía de los tres últimos días, pero sin perder la sonrisa, cada vez que su gente, su vida, iban a verle. Su cuerpo se había rendido ante la evidencia de que ya no volvería a cantar más, como un viejo reloj de cuco que ha dejado de funcionar. Murió feliz, porque su último recuerdo había sido ver a toda su familia junta en esa habitación, mimándole, cuidándole, haciéndole ver que seguía siendo ese Pedro tan importante en sus vidas.

Ha pasado un año y medio, y Marta y Pablo aún siguen esperando, como todos los días, que el timbre de la puerta vuelva a sonar a las doce de la mañana. Ambos saben, que Pedro nunca se fue, porque su simple recuerdo le mantiene con vida en sus corazones, y sorprende más, que ninguna de las personas que allí entran, se acerquen a la mesa en la cual, su bandeja de bombones sigue esperándole.

P.D.- Por y para siempre, GRACIAS, por haberme acogido en tu vida cuando no era más que un extraño, y haberme dado el cariño y el amor de abuelo, de padre.

El ultimo aviso

Todo estaba en silencio.

De repente un gran estruendo sesgó el cielo, como si se hubiera partido en dos. Adam Smith se despertó de repente y su mujer Susan también. La ventana de la habitación se abrió del golpe y los cristales estallaron en mil pedazos, inundando toda la habitación. La lluvia torrencial entro en la estancia, inundando en pocos segundos todo el suelo.

Susan corrió a la habitación de al lado, donde dormían sus hijos. Megan se había despertado y el pequeño Thomas no hacía mas que llorar, acurrucado en su camita. Su ventana también había estallado en pedazos y ambos estaban completamente empapados. ¿Que estaba pasando?, se preguntaba Susan. Nunca había ocurrido nada parecido en Cityville. Era todo muy extraño.

Adam entró en la habitación de los niños, cogió a Susan de la mano y a Thomas en brazos y salio precipitadamente de la habitación sin pensar en Megan, quien, por suerte se había aferrado fuertemente a la mano de su madre. 

Bajaron las escaleras, hacía el inmenso salón de la casa. Las ventanas del salón aún no habían estallado, y la incesante lluvia golpeaba los cristales con gran brutalidad, como si no hubiera llovido en años. Desde la ventana podían divisarse las luces de las casas de Cityville, y también unas luces que nunca habían estado allí. Susan agudizó la vista y pudo ver que era fuego, grandes columnas de fuego que surcaban toda la ciudad en la noche lluviosa. Algo raro, porque el agua y el fuego nunca habían sido amigos, y parece que en ese momento se habían aliado en una noche infernal.

De repente, otro estruendo que dejo congelada la mirada de Susan, cuando las casas fueron desapareciendo, una a una, engullidas por el suelo, un suelo que por lo que parecía estaba dándose un gran banquete y que se había sumado al terror de la noche. Todas las casas de Cityville desaparecieron, todas menos la casa de los Smith. Susan miraba aún aterrorizada por la ventana, por donde, si hace un rato se veía vida, ahora no se veía absolutamente nada. Se abrazo a Adam, y a sus dos hijos y empezó a rezar, dando gracias, a la vez que su cabeza se preguntaba incesantemente, ¿que había ocurrido?, ¿era un aviso?... De pronto, el suelo del enorme salón se abrió, y segundos después la casa de los Smith había desaparecido, engullida por el suelo, que aún se había quedado hambriento.

Los avisos habían sido infinitos, y había llegado, al fin, el temido ultimo aviso. 
EL APOCALIPSIS HABÍA COMENZADO

Por fin, fecha de presentación


Hola a todos. Por fin, ya hay fecha de presentación para el primer libro de mi trilogía, así que hablaré un poquito de esta, pero poco.

El primer libro, "El fin de las marionetas", cuyo título al final ha variado del original, tendrá su aparición el día 5 de diciembre, en su presentación en Madrid, y con posterioridad, en otras ocho provincias españolas. Plaza & Janés ha escogido esta fecha debido a mi estado de salud, y porque significa una fecha muy especial en mi vida. Está dividido en tres partes, que cuenta la vida de tres personajes distintos, una vida entrelazadas entre las tres partes y que acabaran de forma inesperada, debido, principalmente, al caos en que los deja sumido la sociedad en la que viven, y que les ha convertido en despojos humanos, cuando menos se esperaba. Hasta aquí puedo contar. 

La trilogía continuará con "Sueños rotos", que ya está en su fase de apogeo y del que, el manuscrito final tiene que estar entregado para las mismas fechas. Cuando termine el segundo, comenzaré con el tercero, que ya está en mi cabeza y sobre todo en mis notas en papel, por si mi cabeza falla de forma catastrófica, y que espero poder terminar antes de que mi cabeza deje de regir.

Poco más puedo contar por ahora, pero seguiré contando cosas cuando se me permita. Cuando tenga las invitaciones pertinentes, os las entregaré.

P.D.- "Aleja iacta est" - Julio Cesar, 10 de enero del año 49 d.C, en el momento de cruzar el rio Rubicón

Presentación

Hola a todos y bienvenidos a mi mundo. Me presentaré. Mi nombre es Pablo y nací una fría mañana de diciembre, un día 5, para ser más exactos, de hace unos cuantos años.
Mi vida no empezó muy bien que digamos, ya que, dos días después, fui abandonado, por la persona que me trajo a este mundo, en una casa cuna, y pasé mis primeros once años entre orfanatos sin el calor de una madre y de un padre, como necesitamos todos los niños. En esa fase, a la edad de nueve años, mi pasión por la lectura ya era un hecho, y había devorado con la vista bastantes libros ya, mientras el resto de los niños del orfanato jugaban al fútbol y se divertían. En mis ratos libres, les enseñaba a leer, ya que para mi esa era la mayor diversión del mundo.
Con diez años comencé a escribir por diversión, y acabo siendo mi gran hobbie, afición o pasión. Esto ha hecho que a mis treinta y cuatro años, sea un licenciado en Historia Antigua (sobre todo Egipto, que es mi gran pasión) y  esté a punto de publicar un libro, con una gran editorial como es Plaza & Janés, que será el primero de una trilogía, la cual espero ver terminada, aunque sea un poco difícil, ya que mi cerebro, fruto de la herencia de la persona que me trajo al mundo, está bastante enfermo. Aún así, y a pesar de todas las malas rachas que ha tenido mi vida, unas peores que otras, soy feliz, porque tengo los mejores padres adoptivos del mundo, un gran hobbie que dejara mi huella cuando no esté, gente que me quiere (aunque permanezca soltero hasta el fin de mis días), y un trabajo que me encanta, y del cual estoy orgulloso en mi Centro de Terapias Naturales. 
Soy como el que diría una persona que plasma sueños en papel, y a la vez, que cura contracturas y males mediante masajes y cariño, y que también plasma en papel la belleza de los retratos de la gente, como buen dibujante también, por lo que siempre daré la mayor importancia a mis manos, a mi cerebro (aunque falle), y a mi gente.
 El nombre de Nefer viene de una tetralogía que leí hace años, "La Piedra de la Luz", de Christian Jacq, que contaba la historia de Nefer el Silencioso, y con el que me sentí perfectamente identificado. Siempre que me preguntan digo que, era el Pablo Sanz del antiguo Egipto.

Si has llegado hasta aquí, GRACIAS, y si has leído este tostón, GRACIAS POR PARTIDA DOBLE.

P.D.- Siento aparecer en mi foto con gorra, pero pase toda la noche en urgencias, por cosas que no vienen a cuento, y mi pelo acabo demasiado mal cortado.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Abro comillas. TE AMO. Cierro comillas




El teléfono de la cabina sonó. Laura descolgó. 

             - Hola.
     - Hola –respondió Miguel desde el otro lado del auricular-. He pensado que podríamos quedar.
       - Por supuesto. Lo estoy deseando –le respondió Laura.

Se habían visto solo una vez, por foto y ambos se habían quedado prendados. Ella tenía 20 años y el 18. Habían hablado dos veces desde la misma cabina y a la misma hora, las cinco de la tarde. Ese día era la tercera vez que hablaban, porque así lo habían decidido y por eso, Laura había estado impaciente, esperando en la cabina, desde hacía más de media hora. Habían quedado a las cinco en la cafetería Norte, en pleno centro de la ciudad. Sabían que se reconocerían rápidamente.

Miguel entró a la hora pactada y Laura ya estaba sentada. El llevaba una rosa de la mano. Se sentó en frente de Laura y la entregó la rosa. Laura se emociono porque las rosas eran sus flores preferidas. Siempre había deseado que alguien la regalara una rosa, y en ese momento su sueño se había cumplido. Levantó la cabeza y las lagrimas caminaban hacía sus mejillas. Miguel se levantó, se acercó a Laura, sacó su pañuelo del bolsillo como todo buen caballero, y limpio las lagrimas de Laura. La sonrió y Laura sonrió a Miguel.
     
     - ¿Por qué lloras? –preguntó el. 
     - Nadie me había regalado nunca una rosa tan bonita –respondió Laura. 
     - Ninguna rosa puede compararse con tu belleza –contestó Miguel.

Laura esbozó otra sonrisa, y acercó sus labios a los de Miguel. Era su primer beso de enamorados y con eso expresaban que se querían. 

    - Cada año que estemos juntos, un día como hoy, el ramo de rosas que hoy ha comenzado será más grande y con ello te daré a entender que ninguna rosa puede compararse con tu belleza –dijo Miguel, mientras cogía suavemente la mano de Laura, y esta empezaba a llorar de nuevo. 
     -Te amo –dijo Laura mientras sus lágrimas surcaban sus ojos, y Miguel sintió un resplandor de alegría en su corazón. 
     - Yo a ti también –respondió Miguel.

Tomaron el refresco que habían pedido, y salieron de la cafetería Norte, para dar un paseo por la ciudad y contemplar el atardecer.

El sol se despertó, y Miguel se levantó, contempló a Laura y la vio igual de hermosa que el día que se conocieron en la cafetería. Su rostro estaba precioso a los ojos de Miguel y con una enorme sonrisa. Se levantó un segundo, fue a la cocina, volvió, dio un beso a Laura en la cara, se recostó a su lado, sonrió  y volvió a cerrar los ojos.

No volvieron a despertase. En la mesilla de Laura se encontraba un enorme jarrón con setenta rosas, que había permanecido la noche anterior escondido en un armario de la cocina y perfectamente preparado por Miguel. En el centro una nota en la que había escrito una frase que se habían repetido todos los días, desde aquella maravillosa tarde que se dieron su primer beso: “TE AMO”.

sábado, 31 de agosto de 2013

Hipocresia no. Gracias

Enciendo el móvil y veo tus mensajes. Han pasado casi tres años. Me pregunto ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... ¿Por qué hoy?, ¿Acaso es que te has acordado que un día como hoy, hace ya 13 años, te entregué mi corazón?, ¿Acaso es que has recordado lo feliz que fuiste conmigo, porque yo si sabía el significado de la palabra AMOR?, ¿Acaso…..?... Son tantas cosas las que podría pensar, y no quiero.

No, no quiero, porque simplemente donde yo di AMOR, solo encontré dolor, donde yo di ilusiones, alegrías, pasión, solo encontré miedo. Sí, miedo. ¿O es que no recuerdas?. Mi corazón sí, mi cuerpo sí, mi alma sí. Todo mi ser recuerda lo que pasó. Mi corazón recuerda el día que cogí el teléfono que tú habías dejado en casa. Sí, ese día, que encima era nuestro decimo aniversario. Ese día en que el corazón se partió, cuando la voz de otro hombre sonaba al otro lado del teléfono y decía: “Cariño, ¿cuando vienes a casa?. Recuerda que mañana cumplimos cinco años juntos”. Yo aún no había articulado palabra, pero sabía que mis temores cada vez que salías eran ciertos, sabía que había alguien más, pero mi corazón ciego no quería verlo. No se puede amar a dos personas a la vez. No es ético tener dos relaciones paralelas, y tú lo hiciste. Ese día llegaste, y las maletas estaban en la puerta. Cuando la cerré para siempre, lloré, lloré amargamente y mucha gente sabe lo que paso luego, cuando intente irme a la oscuridad. Casi lo consigo, pero fueron cuatro días en coma y desperté. 

Mi cuerpo también recuerda esos diez años, aunque solo disfrutó de tu AMOR los tres primeros. Luego llegaron las palizas, las amenazas, los golpes, los moratones, los empujones por las escaleras y las violaciones sin sentido. Llego el miedo. Mi cuerpo, mi espalda, mi sexo…. todo mi ser, aún lo recuerda, pero ya no lo teme. He recuperado la libertad, y a decir verdad, la recuperé el día que cerré la puerta, aunque en ese momento no me diera ni cuenta. Hoy puedo lucir mi espalda, mis piernas, mi cuerpo sin miedo a que me pregunten, sin miedo a tener que mentir… Hoy puedo tener relaciones sin miedo a sufrir vejaciones, sin miedo a sufrir forzamiento, sin miedo a dar, a entregarme, sin miedo al dolor que suponían tus violaciones. 

Mi alma ha recuperado su ser, se ha dado cuenta que aún queda gente maravillosa en el mundo, se ha despertado de nuevo del letargo en el que me tuviste sumido. Y hoy, ¿has decidido que vuelvan los fantasmas de ese pasado?, ¿has decidido que el miedo vuelva a apoderarse de todo mi ser?... No vas a conseguirlo, y voy a serte sincero, porque se, que leerás estas palabras: no tienes permiso en mi mundo ni en mi vida. No existes para mí. No eres nada. No voy a ser hipócrita y decir que no ha pasado nada. No voy a ser hipócrita y contestarte con un mensaje de cariño y deseándote suerte en tu vida. No, porque no lo deseo. No, porque no quiero que seas feliz. No, porque no te mereces que alguien te quiera y que tu vida sea dichosa. No, porque no existes. Ahora se, que fuiste un mal sueño del que desperté hace casi tres años, un día que siempre quedará en mi corazón, en mi alma, en mi ser, y no precisamente porque fuera nuestro decimo aniversario, sino porque aquel día, aunque no lo supiera, recupere la vida, recupere la libertad, y con ella los sueños y las ilusiones que nunca debieron desaparecer.

P.D.- Dedicado a Roberto, y a todos aquellos, que como él, deberían sentir vergüenza de no sentir, de ser, simplemente, fachada.

Por siempre contigo


Eran las cuatro de la mañana, y estaba despierto. Lo sé porque acababa de mirar el reloj, del escritorio de mi ordenador. Si, estaba encendido porque algo raro intuía que estaba pasando. La bandeja de entrada de correo estaba vacía. Ningún mensaje tuyo. El móvil estaba apagado y me había aprendido de memoria la conversación de la señorita, a la que yo imaginaba rubia: "el móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Llevaba dos días así.

Eran las cuatro de la mañana, y llovía en Manhattan. Las gotas de lluvia golpeaban en la ventana y parecían cantar melancolía. Miraba de reojo el escritorio, con la esperanza de que llegara algo, y a la vez miraba de reojo el móvil, imaginando que la pantalla se iluminaba con esa llamada en la que siempre aparecía tu cara. Allí, en Madrid eran las diez de la mañana, y suponía que te habías levantado a las ocho.

El móvil no sonaba, el correo seguía vacio, y yo seguía escuchando esa canción melancólica que golpeaba en la ventana de mi habitación, a la vez que contemplaba la ciudad de noche. Siempre había pensado como seria Nueva York de noche y como se vería desde el piso treinta y cinco del  hotel, pero esa noche no estaba siendo como creía. No sabía nada de ti.

La lluvia caía. Sonó el teléfono y me puse contento hasta que lo vi. No era tu foto la que aparecía en la pantalla. Ni siquiera conocía el número, pero el código indicaba que la llamada llegaba de unos 5800 kilómetros. Descolgué el teléfono y las gotas de lluvia dejaron de cantar melancolía para convertirse en réquiem. Un accidente, y un final.

Colgué el teléfono y me senté en el borde de la cama. Imaginé tu rostro, un rostro que no me había despertado esos dos últimos días, los dos únicos días separados en diez años. Las lágrimas asomaban por mis ojos, y lloré. No tenía que haber venido, repetí una y otra vez, igual que cuando monté en el avión.

Mire el anillo de oro que llevaba puesto. Lo saqué del dedo y leí lo que ponía: "por siempre contigo". Lo volví a colocar en su sitio. Abrí la ventana. Llovía en Manhattan, pero las gotas ya no golpeaban el cristal. De repente, el silencio, unos cuantos segundos y oscuridad.

Había cumplido mi promesa.