Marcia se levantó como siempre a la misma hora. Eran las
siete de la mañana. Había dormido mal, como las últimas noches. Las pesadillas
no la dejaban dormir. Su cabeza daba vueltas sin parar, y nada de lo que veía
en esas pesadillas, tenía sentido. ¿O sí?.
Sigilosamente, para no despertar a Mikel, que dormía a su
lado, se dirigió hacia el baño. Se miró en el espejo, y contempló su rostro, un
rostro triste, ajado, con unas ojeras que recorrían sus ojos, como si realmente
hubiera llevado más de cuarenta noches sin dormir. Se preguntó ¿por qué?, ¿por qué tenía que haber ocurrido?, ¿por qué
no era capaz de contarle a Mikel lo que había pasado?, ¿por qué tenía tanto
miedo?, ¿por qué…. un sinfín de cosas?.
Se sentó en la mesa de la cocina a tomar su café, y su mente
empezó a recordar sus pesadillas, esas que la estaban atenazando desde hacía ya
diez días y que no la dejaban dormir. En el silencio de su cama, lloraba, e
intentaba que Mikel no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Todo vino a
su mente de repente, el callejón, el día, el rostro de quien la forzó, la
navaja en su cuello, el pánico… todo. La taza tembló en sus manos, y el café
empezó a caer, salpicando la mesa y sus brazos. Marcia empezó a llorar. No
quería recordar ese momento, le daba miedo, demasiado miedo, sobre todo porque
Mikel no sabía nada, porque ni siquiera ella había denunciado la violación, y
porque ese malnacido seguía en la calle. No quería recordar nada de esa noche,
pero sus pesadillas no la dejaban olvidarlo fácilmente. Se había olvidado de sus sueños, de la vida
feliz que había planeado con Mikel, de sus ilusiones, y no era justo, no lo
era. No era justo que Mikel no pudiera tocarla, y que ella ni se dejara
acariciar por la persona que la había demostrado el mayor amor del mundo. No
era justo que todos los sueños que había construido con él, se quedaran olvidados en un libro con
las páginas en blanco. Nada era justo. Nada, y mucho menos lo que la había
pasado. Tenía que poner fin a ese momento, a esas pesadillas, tenía que buscar
una solución o su vida y sus ilusiones quedarían rotas para siempre. Quería
soñar de nuevo, quería que sus sueños no quedaran en el vacío.
Tomó la decisión. Despertó a Mikel y le contó lo que durante
diez días había estado ocultándole. Mikel no dijo nada, solo la abrazó, la besó
en los labios y dejó que sus lágrimas surcaran por sus mejillas. En sus ojos,
Marcia pudo leer el sufrimiento de Mikel por no haber podido ayudarla, el
sufrimiento del amor ante tal injusticia, la pena del que intuye lo que su
amada había estado sufriendo y todo lo que tuvo que soportar.
Esa tarde, sobre las cinco, detuvieron al violador. No había
sido la única. Marcia y Mikel se enteraron cuando fueron a poner la denuncia. Otras diez mujeres habían sufrido lo mismo.
Marcia escucho las noticias de por la noche, y ante sus ojos, en la pantalla,
apareció la persona que la había estado atormentando en forma de pesadilla,
durante las últimas diez noches. Sonrió, y se acurrucó junto a Mikel. Esa noche
hicieron el amor y Marcia pudo dormir bien, Antes de todo eso, Marcia había cogido
su diario, su libro personal, aquel en el cual escribía todos los sueños que quería
cumplir, y que durante unos días había estado escondido, olvidado, y en la
primera página que encontró en blanco, simplemente escribió: “Sueños olvidados:
no, Gracias”.
"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"



