lunes, 11 de enero de 2016

Au Revoir. Despedida a la francesa

Aún recuerdo aquel día que vi la última función del Moulin Rouge, cuando todavía era feliz, cuando la vida tenía algo de sentido para mi, y cuando ni siquiera sabía lo que tiempo después acabaría pasando. Es como si se hiciera una alegoría de mi propia vida, como si esa función estuviera encaminando mi existencia. Y así ha sido.

"Luces apagadas y se cierra el telón"

Esa es la frase que pone final a una existencia, una existencia plagada de sinsabores, una existencia que tenía que haber desaparecido hace tiempo, pero como decía una canción, que ahora mismo no recuerdo,...nunca es tarde.

Gente ha pasado por mi vida, gente que sigue aquí, y que no echaran de menos mi desaparición, y gente que ya no está, y que probablemente me esté esperando en el más allá, si realmente algo existe.

- Rosana fue la primera, cuando yo ni siquiera había decidido mi sexualidad, una persona simpatica, cariñosa, y que me dio mucho cariño, pero que un día acabo yendose allá donde yo voy, una tarde que quedó siempre en mi retina, cuando su cuerpo voló desde el cuarto piso hasta el suelo de la calle- Fue mi primer amor, y la persona que más eche de menos durante mucho tiempo, pero intente seguir adelante, y lo conseguí.

Vinieron los escarceos amorosos, las noches de placer, los noviazgos cortos, que no dejaron huella en mi, pero que ahí estan. Teo, Adrian, Jony, etc... hasta que llegó él...

- Roberto: diez años, diez años de malos momentos sobre todo, aunque siempre me quedó el recuerdo de EEUU y de París, donde vi la última función. Hubo momentos buenos, sobre todo por mi parte, pero sobre todo, momentos muy malos por su parte... vejaciones, violaciones, malos tratos fisicos, etc... hasta que un día tuve valor de ser libre, una libertad que me costó tres intentos de suicidio, y donde aún recuerdo la cara de su madre desencajada, cuando me encontraba en una cama de hospital en coma. No lo vi, pero mi madre me lo contó, y él recibió su justo merecido por parte de mi familia. Era el precio a pagar por tanto dolor, tantos malos momentos, plagados de alguna que otra sonrisa. Aún me cuesta recordar todo eso. La pena es que mi vida siguió adelante, cuando no tenía ganas de seguir.

Llego Madrid y con ello una nueva etapa de mi vida, en la que hubo una persona importante, pero muy añinada.

- Kevin: mi dulce niño, mi dulce recuerdo de momentos felices, a los que yo acabe dando carpetazo. El se fue al más allá a la primera, cuando yo deje de formar parte de su camino, pero se que me espera allá donde esté, y que se alegrará de verme, como yo a él. El si supo amar, sentir y entregar su cariño, y yo no supe estar a la altura, pero se que me perdonó. Fui feliz en sus brazos, en sus días, en sus noches, en sus momentos, y siempre le he echado de menos.

- Alberto: una bocanada de aire fresco, una alegría para mis sentidos, cuando le conocí. Recuerdo que llegue tarde, y que una semana antes me habían dado el alta en el hospital de mi sexto o séptimo intento de suicidio, porque ya perdí la cuenta.
Recuerdo que me encandiló su mirada, su ternura, y pensé que había encontrado alguien para toda la vida, pero el destino volvió a jugarme una mala pasada, y el se fue, se rindió porque no estaba preparado para ello, por mucho que me dijera que sí. Se que piensa que nunca le he amado, y que solo he estado con el por no estar solo, pero se equivoca, porque ha sido, con diferencia, la persona que mas he amado en esta vida. No ha sabido apreciar eso, por mis equivocaciones, que han sido muchas, pero las suyas también. He aguantado cinco meses de soledad, de no sentirle, de no verle, ni tenerle a mi lado, y se que aquel día se fue para no volver. No puedo prometerle que mi familia se quede al margen cuando yo no esté, aunque se lo haya pedido. Se que no se quedaran al margen, pero yo no puedo hacer nada, cuando ya he decidido todo. Solo espero que la vida le de algo nuevo, sonrisas y que todo le vaya bien. Si se lo deseo, a pesar de todo, y a pesar de que yo me vaya.

Gente me espera. Mi abuelo, mi gran amigo Adrian, Kevin, Rosana, y yo hoy, con este escrito, me despido de la gente que desde aqui, me habeis seguido, y de la gente que dejo en este mundo. 
Un consejo... no esteis tristes. Yo me voy, pero quedo en vuestros corazones y en vuestros recuerdos.

Aquí se despide una persona que nunca debió nacer, que nunca debió existir, y que hoy ha sellado su final.
"Au Revoir"

Pablo



martes, 3 de noviembre de 2015

SUEÑOS ROTOS

El reloj marcaba las doce de la noche, y Pablo se encontraba solo en su habitación, una habitación vacía, una habitación triste, oscura, donde solo se veía una botella de JB y un recipiente con pastillas. Su móvil estaba apagado, y al otro lado de la cama había una foto, y un papel en el que ponía “Sueños rotos”. Abrió la botella, y empezó a tomarse las pastillas, primero poco a poco y luego más deprisa, como si tuviera prisa en cumplir su destino. Terminó con todo y espero a que el sueño le llegara, ese sueño del que ya no despertaría.

**************************************

Eran las tres y media de la mañana, y estaba despierto. La cama y su cuerpo estaban empapados en sudor, y las cuencas de sus ojos llenas de lágrimas. Palpo el lado de la cama y estaba vacío. Las gotas golpeaban incesantemente en la ventana, como si de un diluvio se tratara. Había vuelto a soñar lo mismo, lo mismo que el último mes y medio.
Se puso a llorar, a llorar amargamente, como venia pasando noche tras noche, casi siempre a la misma hora, como si tuviera puesto un despertador que le hiciera despertarse a la misma hora, día tras día, sin perdonarle siquiera los fines de semana.
Estaba solo, y su soledad pesaba como una losa, y día tras día, esa losa se hacía más enorme y lo estaba atrapando, como si de una tela de araña se tratase.
Pablo empezó a recordar, a recordar lo bonita que había sido su vida unos meses atrás, cuando la vida le dio una nueva oportunidad, una oportunidad que ahora le estaba arrebatando. Recordó como conoció a Alberto, una semana después de que la muerte viniera a visitarle, y decidiera no llevarlo con ella. Era un día caluroso de verano, y su día sonrió cuando entró en una aplicación de su móvil, donde chicos conocían a otros chicos, y ahí estaba él. Empezaron a hablar, y poco a poco, ese perfil vacío comenzó a tomar sentido. Quizá el amor estaba llamando a su puerta una vez más, sin saberlo. Recordaba la conversación con Alberto, y como decidieron quedar unos días después. Desde ese momento, Pablo estuvo nervioso, y suponía que Alberto también. El día llegó, y Pablo tuvo que conducir unos cuantos kilómetros hasta llegar a su destino, llegando tarde, y provocando el enfado de Alberto, un enfado que se pasó rápidamente. Los dos se sintieron atraídos el uno por el otro y decidieron dar un paso hacia adelante. Siguió recordando, entre lágrimas, los meses posteriores, unos meses con sus altos y sus bajos, unos meses felices, que se tornaban tristes y vacios, cuando Alberto tenía que marcharse a su pueblo. Por lo menos, para Pablo así era. Como en todas las relaciones, había discusiones, pero el amor era más fuerte, y la diferencia de edad, y que su familia no supiera nada, no era impedimento para seguir amándose. Todo era demasiado bonito, la convivencia, las semanas, los reencuentros, los paseos, despertarse por las mañanas con la persona que amaba a su lado, y compartir juntos sus horas. Todo.
Esbozó una sonrisa en la oscuridad de su habitación vacía, y de repente se puso a llorar de nuevo. Había llegado a la parte mala, una parte que no quería recordar, un día que no quería recordar, porque le sumía en la más profunda de las tristezas, y le hacía pensar porque el destino era tan cruel y tan injusto con él. Hacía tres meses que Alberto se había ido, y Pablo pensó que sería un fin de semana como otros, y que pronto estarían juntos de nuevo. Pero no. Ya eran tres meses de soledad, de tristeza, de sin sentido a su vida, de ilusiones que se rompían día a día, y más, cuando Alberto había decidido poner tierra de por medio, distancia, que aunque corta, no dejaba de ser distancia entre los dos, y había quebrado los sueños de Pablo, y a la vez, los suyos propios. ¿Por qué?, se preguntaba. ¿Quizá no era feliz? ¿Quizá las discusiones con su familia habían pesado más que su felicidad? ¿Quizá lo que sentía era demasiado para él y no estaba preparado para ello?. Pablo intentaba dar respuesta a todo, pero lo único que veía cuando se levantaba cada mañana, es que estaba sólo, que él no estaba a su lado, y que aquello que se prometían estaba dejando de existir. Todas las semanas había algún motivo para no estar juntos, todas las semanas ocurría algo, y Pablo solo era capaz de pensar que Alberto ya no le necesitaba en su vida, y que no necesitaba nada de lo que tenía. Cada día se sentía un poco más agotado, un poco más hundido, si acaso podía hundirse más, y simplemente pensaba día tras día, que su vida había dejado de tener sentido, que esos sueños que habían construido y esas ilusiones se habían perdido.
Todos los días hablaba con él, e intentaba aparentar normalidad, y que dormía bien, y que estaba bien, pero la realidad era muy distinta. La realidad era que sabía que había perdido la batalla de su corazón, que sus días eran amargos, y sus noches demoledoras.
Las lágrimas empezaron otra vez a aflorar y correr por sus mejillas. Era consciente de que había perdido la batalla y con ello, su propia existencia. Hasta sus sueños se lo contaban noche tras noche, noches de pesadillas, o no…noches en que un mismo sueño se repetía, y llevaba así más de un mes, como si de una premonición se tratara, como si de la única realidad que su destino le tenía preparado, esa pesadilla que le hacía despertarse noche tras noche. No deseaba que eso se cumpliera, no quería un final así para su vida, porque ya lo había hecho otras veces, pero en el fondo sabía que era lo que el destino le tenía preparado, porque su vida había dejado de ser importante, porque sus ilusiones habían desaparecido, porque estaba solo…solo y vacio.

Pablo se secó las lágrimas, se recostó en su cama de nuevo, una cama que se le insinuaba demasiado grande para él solo, una cama que, hasta hace poco tiempo, había estado ocupada no solo por él, pero que ahora le resultaba vacía y triste, y dejó que el sueño le venciera de nuevo, poco a poco.

martes, 21 de enero de 2014

Camino de la Felicidad




Eran las cuatro de la mañana y aún seguía despierto. Estaba sentado y mirando a la nada, pensando como había ocurrido todo. Su mente solo quería buscar el momento preciso de ese día, ese día en que, en su vida, todo cambió para siempre. Ese momento que hizo que su corazón empezara a recobrar vida… una vida que había perdido a lo largo de los años, quizá por su propia culpa porque sus ojos habían estado ciegos, y no había querido ver todo lo que tenía delante.

            Comenzó a recordar su pasado, un pasado que había sido cruel con su vida y sobre todo con su corazón, y Paul notó como de sus ojos empezaban a aflorar las lagrimas… lágrimas de impotencia, lágrimas de dolor, lágrimas de sangre. Nada de eso tenía que haber pasado, porque él solo deseaba ser feliz, y hacer feliz a los demás. Pasado… pasado negro, oscuro, lleno de miedos, de momentos para olvidar… de dolor, un dolor que había convertido su vida en algo vacio… una vida que hace dos años había dejado de ser importante para él, cuando decidió que no merecía la pena seguir adelante, y comenzó... un intento de suicidio, dos, tres, cuatro, cinco… y ninguno había servido de nada, en ninguno “ella” vino a visitarle y se lo llevó consigo. A veces se preguntaba ¿Por qué?... por que “ella” no había venido, por que le había dejado seguir viviendo y seguir sufriendo en busca de su felicidad, una felicidad que siempre le había parecido muy, muy lejana.

Recordó cuando decidió poner distancia de por medio… distancia física que le alejaba de ese pasado. No era una distancia larga, pero 200 km le parecieron suficientes para salir de ese infierno… esperando recuperar la felicidad perdida y su vida en Madrid… esperando rehacer su corazón y que este latiera de nuevo. Recordó como un día antes, solo unas horas, de ese día en el que su vida cambió para siempre, había intentado una sexta vez quitarse del medio, dejar de existir… pero como siempre “ella”, no vino en su busca. Comprendió que aún no había llegado su momento de irse, de desaparecer… y dejo que la vida intentara sorprenderle.

Y… de pronto… unas horas después de ese ultimo intento, cuando su vida parecía abocada a la soledad y la pena… su vida cambió. Paul entró en uno de esos chats donde se encontraban personas buscando a otras personas, aunque casi todas buscaban lo mismo, algo que Paul no buscaba, algo que Paul ya estaba cansado de que le ofrecieran, porque su momento para ello ya había expirado. Paul buscaba algo mejor, buscaba vida para su corazón, buscaba una persona que le hiciera sentir de nuevo, que le reviviera y que provocara que su corazón volviera a latir de nuevo y… allí estaba. Pico su nick y la ventana se abrió en su tablet. No sabía que decir, pero de repente, sus manos, como si quisieran expresar lo que su corazón no podía, escribió un “hola”, y la respuesta no se hizo esperar. Sonrió, cerró todas las ventanas de esas personas que constantemente buscaban lo mismo, como si fuera un mercado de carne, y dejo una única ventana abierta. No sabia que decir, pero supo que la otra persona seguía con su ventana abierta. Su corazón empezó a latir con mas fuerza, y aunque el silencio se hacía eterno, la conversación poco a poco empezó a surgir:

-         ¿Que buscas? –le contestó la persona que escribía en su ventana, y aunque esa frase nunca le había parecido interesante, en ese momento  le gustó, porque por el nick que aparecía en su ventana, intuyó que la otra persona buscaba lo mismo: dar sentido a su vida, que su corazón sonriera de nuevo, y amor, amor convertido en felicidad.

-         Amor, alguien que me haga sentir vivo de nuevo, y que de sentido a mi roto corazón –escribió Paul.

-         Yo busco lo mismo –dijo la otra persona que escribía en la ventana.

-         ¿Cómo te llamas? –se atrevió a preguntar Paul, ya sin miedo, porque la respuesta había empezado a llenar su corazón  de esperanza.

-         Adrián –contesto la otra persona, y tu?

-         Pablo –dijo el, después de poner una frase que salió de su interior y que dijo de corazón… “encantado”. Solo puedo ofrecerte mi belleza interior, y un camino feliz.

-         Eso quiero, porque el interior es lo más maravilloso que tienen ciertas personas –contestó Adrián.


La conversación siguió durante largo rato, hasta que ambos decidieron dar un paso mas y escribir sus móviles para seguir hablando por otro medio de mensajes móviles.

Paul paró de pensar y seco sus lágrimas y esbozó una gran sonrisa… recordando ese momento, un momento en el que la conversación siguió durante bastante tiempo, y aunque era de noche, a ninguno de los dos les importó. Siguió recordando que decidió dar un paso más e intento sorprender a la persona con la que hablaba. Marcó su numero en el teléfono y por fin escucho su voz. Sus corazones empezaron a latir con fuerza, y ambos estuvieron hablando más de una hora, sin darse cuenta… que la Felicidad había comenzado… y decidieron dar un paso mas… un paso que ocurriría al día siguiente, y cuando Paul colgó el móvil… no pudo dormir en toda la noche… esperando poder reunirse con Adrián, una persona que había echo que en una hora y media… su corazón empezara a revivir… una persona de la que solo le separaban unos pocos kilómetros y unas pocas horas.

El encuentro fue especial, aunque Adrián estaba un poco cortado… al igual que Paul, que aún no lo había reconocido. Adrián subió al coche y sus miradas se cruzaron, y poco a poco… ambos esbozaron una sonrisa enorme, unos segundos antes de que el coche arrancara, y poco a poco… el nerviosismo se empezó a convertir en tranquilidad, cuando ambos entrelazaron sus manos.

Seguía recordando lo especial que había sido ese momento, y los momentos posteriores… momentos en los que sus corazones empezaron a latir a gran potencia… momentos en los que ambos decidieron ser felices juntos, y prometieron dar el uno al otro, lo que ambos estaban deseando y aún no habían encontrado: Amor, complicidad, sonrisas, alegrías, y dejar que sus corazones construyeran un futuro. Ambos creían en el amor a primera vista, y siguieron adelante.

Esa tarde era la sexta juntos, una tarde que había sido mala en el interior de Paul, una tarde ninguno de los dos deseo que fuera así, pero había sido así, pero que hizo que a las cuatro de la mañana, Paul se diera cuenta que, Adrián era la persona de su vida, la persona que su corazón había escogido, y ambos sabían que esta vez no se equivocaban, ambos y sus familias, que habían descubierto que eran tal para cual, que estaban muy a gusto juntos, y sobre todo… que ambos habían empezado a construir “su camino hacia la Felicidad”.



Dedicado a una persona exclusiva… una persona que ha conseguido por fin lo que siempre desee… sentirme amado, que mi corazón latiera de nuevo y sintiera Felicidad inmensa, una persona que se ha convertido en el mejor regalo de mi vida y que siempre lo será, una persona con nombre y apellidos: Adrián Flores Aranda… aunque yo, sinceramente, prefiero llamarle Mi Amor, Mi Vida, Mi Universo… Mi Todo. Hoy, mañana y siempre Te Quiero, Te Amo y Te Adoro.












 "Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Sueños olvidados: no, Gracias.

Marcia se levantó como siempre a la misma hora. Eran las siete de la mañana. Había dormido mal, como las últimas noches. Las pesadillas no la dejaban dormir. Su cabeza daba vueltas sin parar, y nada de lo que veía en esas pesadillas, tenía sentido. ¿O sí?.

Sigilosamente, para no despertar a Mikel, que dormía a su lado, se dirigió hacia el baño. Se miró en el espejo, y contempló su rostro, un rostro triste, ajado, con unas ojeras que recorrían sus ojos, como si realmente hubiera llevado más de cuarenta noches sin dormir. Se preguntó ¿por qué?,  ¿por qué tenía que haber ocurrido?, ¿por qué no era capaz de contarle a Mikel lo que había pasado?, ¿por qué tenía tanto miedo?, ¿por qué…. un sinfín de cosas?.

Se sentó en la mesa de la cocina a tomar su café, y su mente empezó a recordar sus pesadillas, esas que la estaban atenazando desde hacía ya diez días y que no la dejaban dormir. En el silencio de su cama, lloraba, e intentaba que Mikel no se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Todo vino a su mente de repente, el callejón, el día, el rostro de quien la forzó, la navaja en su cuello, el pánico… todo. La taza tembló en sus manos, y el café empezó a caer, salpicando la mesa y sus brazos. Marcia empezó a llorar. No quería recordar ese momento, le daba miedo, demasiado miedo, sobre todo porque Mikel no sabía nada, porque ni siquiera ella había denunciado la violación, y porque ese malnacido seguía en la calle. No quería recordar nada de esa noche, pero sus pesadillas no la dejaban olvidarlo fácilmente.  Se había olvidado de sus sueños, de la vida feliz que había planeado con Mikel, de sus ilusiones, y no era justo, no lo era. No era justo que Mikel no pudiera tocarla, y que ella ni se dejara acariciar por la persona que la había demostrado el mayor amor del mundo. No era justo que todos los sueños que había construido  con él, se quedaran olvidados en un libro con las páginas en blanco. Nada era justo. Nada, y mucho menos lo que la había pasado. Tenía que poner fin a ese momento, a esas pesadillas, tenía que buscar una solución o su vida y sus ilusiones quedarían rotas para siempre. Quería soñar de nuevo, quería que sus sueños no quedaran en el vacío.

Tomó la decisión. Despertó a Mikel y le contó lo que durante diez días había estado ocultándole. Mikel no dijo nada, solo la abrazó, la besó en los labios y dejó que sus lágrimas surcaran por sus mejillas. En sus ojos, Marcia pudo leer el sufrimiento de Mikel por no haber podido ayudarla, el sufrimiento del amor ante tal injusticia, la pena del que intuye lo que su amada había estado sufriendo y todo lo que tuvo que soportar.


Esa tarde, sobre las cinco, detuvieron al violador. No había sido la única. Marcia y Mikel se enteraron cuando fueron a poner la denuncia.  Otras diez mujeres habían sufrido lo mismo. Marcia escucho las noticias de por la noche, y ante sus ojos, en la pantalla, apareció la persona que la había estado atormentando en forma de pesadilla, durante las últimas diez noches. Sonrió, y se acurrucó junto a Mikel. Esa noche hicieron el amor y Marcia pudo dormir bien, Antes de todo eso, Marcia había cogido su diario, su libro personal, aquel en el cual escribía todos los sueños que quería cumplir, y que durante unos días había estado escondido, olvidado, y en la primera página que encontró en blanco, simplemente escribió: “Sueños olvidados: no, Gracias”.








"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

martes, 17 de septiembre de 2013

Última sinfonía de amor

Amanecía en Madrid. Era jueves. Dani se despertó e hizo el amago de levantarse, pero sus piernas llevaban días sin responder. Ni los médicos entendían porque su organismo había degenerado tan pronto, y porque el tratamiento no había dado los resultados deseados. No importaba en la mente de Dani, porque ese día se despertó feliz. Era un día especial, muy especial. El tren de Tosky, desde Valladolid, ya debía de haber salido, y Dani tenía el tiempo justo para intentar vestirse como pudiera, sentarse en su silla de ruedas, e intentar llegar a la estación de Chamartín antes de que el tren llegara. Era una tarea difícil, pero no imposible. En esos días, Dani se había acostumbrado a moverse por Madrid en silla de ruedas, y tampoco era tan complicado como creyó. Cuando se cansaba, siempre había algún alma caritativa que empujaba su silla, apiadándose de él.

Llegó a Chamartin, pero no cumplió su objetivo, y el tren de Tosky hacia ya rato que había llegado a la estación. Tosky estaba sentado esperando, y cuando vio a Dani, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, y corrió hacía él, tan deprisa que toda la gente se quedo contemplando la escena. El beso llegó, un largo beso en los labios, que ni les preocupó lo más mínimo, lo que la gente pensara, al ver besarse tan apasionadamente a dos chicos del mismo sexo. Dani miró a Tosky, porque no quería olvidarse de su rostro, un rostro feliz, un rostro que le gustaba, un rostro que estaba dentro de su corazón, como el amor que Tosky sentía por Dani y Dani por Tosky.

Salieron de la estación y cogieron un taxi habilitado para minusvalidos. Dani quería ver por última vez el Museo del Prado, y Tosky, nunca lo había visto, pero estaba deseando compartir la experiencia con su amado. Vieron el Museo, y Tosky nunca olvidaría la cara de felicidad de Dani ante los imponentes cuadros, como si nunca los hubiera visto. Comieron. Pasearon por Madrid, por sus bonitos rincones, y se hicieron un montón de fotos para inmortalizar ese momento. El día fue, en si, perfecto, a pesar de que Dani no sintiera sus piernas y su cabeza llevara todo el día martilleando, como si miles de agujas le taladraran la corteza cerebral. Pero no quería preocupar a Tosky, y disfrutó. Fueron felices.

La noche llegó, y ambos volvieron a casa, una casa en la que estaban de prestado, pero bueno, a la familia de Dani no le importaba verle feliz, después de todas las decepciones que se había llevado en los últimos días. Fue una noche memorable. Hicieron el amor. Se unieron como hacia meses que no había ocurrido, y Dani agradeció a Tosky, que le hubiera regalado esa noche de amor, una noche suave y muy dulce, y le pidió perdón porque su mente, muy posiblemente olvidara ese día, esa noche, ese rostro, ese corazón que lo era todo para él. Ambos lloraron en el silencio de la noche, mientras escogían una foto especial, que formara parte de la pantalla de sus terminales móviles. Todas las fotos de ese día eran especiales, todas... pero había una que lo era más que ninguna, una foto de ambos en el Palacio de Oriente, donde ambos habían estado escuchando a un violinista junto a la catedral, el cual los había inmortalizado con el móvil de Dani, en uno de sus breves descansos. Dani dejo el móvil en la mesilla, y al lado un papel que había escrito unos minutos antes, sin que Tosky se diera cuenta. Durmieron abrazados.

Fueron sus últimas horas juntos. Cuando Tosky se despertó a las ocho de la mañana, el cerebro de Dani llevaba ya unas horas sin vida, pero en su cara se reflejaba una sonrisa. En la mesilla, el móvil aparecía encendido con la imagen de los dos tomada el día anterior, y al lado un papel que cogió y desdobló: "nuestro amor perdurará siempre, esté donde esté. Gracias por enseñarme a amar, por hacerme feliz y por darme el mejor día de mi vida. Ojalá todos los días que me quedan a tu lado, sean así. Te Quiero. DANI". Lloró, lloró como nunca había llorado. Giró la cabeza y miró el cuerpo inerte de Dani, su rostro, su sonrisa, sus labios. Se acercó y le besó. Se tumbó a su lado, lo abrazó y se quedó dormido.

P.D.- Dedicado a mi novio. Ojalá nuestra despedida, cuando llegue el momento, sea tan hermosa como la que he expresado en estas lineas. Love you forever, Tosky.








"Si la vida es un juego, seamos ludopatas de ella"

domingo, 15 de septiembre de 2013

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Perdón si no tengo tiempo de meter algún relato mas, pero estoy en mi proceso de tratamiento cerebral, y a fecha de hoy, 11/09/13, acabo de terminar mi segundo libro: "Sueños Rotos", y aún me queda pendiente el tercero, pero iré escribiendo por aquí cuando pueda, y cuando tenga más datos de publicación y portadas posibles, ya las pondré,

Gracias. Xaoppp